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Una investigación de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), la Universidad de Vigo y la Universidad Internacional de Valencia revela que los adolescentes federados en fútbol muestran mayor frecuencia de apuestas, mayor intención de jugar y más indicadores de juego problemático que quienes lo practican sin estar federados o bien practican otros deportes. El estudio, publicado en la revista científica International Gambling Studies, destaca la necesidad de incorporar la prevención de las apuestas en los clubes deportivos y las escuelas de fútbol.

El reciente Mundial de Fútbol de 2026 ha vuelto a poner de manifiesto la estrecha vinculación entre el deporte y la industria de las apuestas. El campeonato, celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, ha batido récords de participación y actividad en las plataformas de juego. Solo el proveedor tecnológico OpenBet procesó más de 175 millones de apuestas, por un importe superior a 3.000 millones de dólares, durante la competición. Estas cifras ilustran la creciente integración de las apuestas en el espectáculo futbolístico y plantean interrogantes sobre sus consecuencias para los aficionados más jóvenes.

En este contexto, un equipo de investigadores de la UMH, la Universidad de Vigo y la Universidad Internacional de Valencia ha analizado la relación entre la práctica deportiva y las conductas de apuestas en adolescentes. Los resultados revelan que los jóvenes que practican fútbol federado presentan una mayor implicación en los juegos de apuestas que quienes practican otros deportes o no están federados.

El estudio ha contado con la participación de 728 estudiantes de Educación Secundaria de Galicia, con edades comprendidas entre los 12 y los 17 años. Los investigadores compararon tres grupos: adolescentes no federados, federados en fútbol y federados en otras disciplinas deportivas, como baloncesto, natación, voleibol, balonmano o atletismo.

“Tradicionalmente, hemos considerado que la práctica deportiva constituye un factor de protección frente a las conductas de riesgo durante la adolescencia. Sin embargo, nuestros resultados indican que esta relación depende del contexto deportivo”, explica Daniel Lloret Irles, profesor de Psicología Social de la UMH y uno de los responsables del estudio.

Los resultados muestran que los adolescentes federados en fútbol presentan una frecuencia de juego significativamente mayor, una intención más elevada de realizar apuestas y mayores puntuaciones en los indicadores de juego problemático. En cambio, no se encontraron diferencias significativas entre los jóvenes que practicaban otros deportes federados y quienes no estaban federados.

También se observaron diferencias en las motivaciones para apostar. Los futbolistas adolescentes mostraron una mayor motivación relacionada con la búsqueda de emociones y, en comparación con otros deportistas federados, puntuaciones más elevadas en las motivaciones económicas y sociales. Asimismo, los análisis exploratorios apuntan a una menor percepción del riesgo asociado a las apuestas.

Para los investigadores, estos resultados pueden relacionarse con la creciente presencia de las apuestas en el universo futbolístico. Las retransmisiones, las redes sociales, los pronosticadores deportivos o tipsters y los contenidos promocionales contribuyen a presentar las apuestas como una prolongación natural de la afición al fútbol.

El entorno de los equipos también podría desempeñar un papel importante. Durante la adolescencia, el sentimiento de pertenencia al grupo y la influencia de los compañeros favorecen la adopción de comportamientos considerados normales o socialmente aceptados.

“El problema no es el fútbol como actividad deportiva, sino la progresiva normalización de las apuestas dentro de la cultura futbolística. Cuando apostar se presenta como una forma de demostrar conocimientos deportivos, compartir emociones o participar en el espectáculo, se desdibujan las fronteras entre disfrutar del deporte y jugar dinero”, señala el profesor de la Universidad de Vigo Manuel Isorna Folgar.

La preocupación por esta relación adquiere especial relevancia ante la expansión de las apuestas deportivas. El Mundial de 2026, con 104 partidos frente a los 64 de ediciones anteriores, ha multiplicado las oportunidades de apostar, incluyendo modalidades en directo y apuestas sobre acontecimientos concretos del partido, como el número de córneres, los goles o las actuaciones individuales de los futbolistas.

Aunque en España está prohibido apostar a los menores de 18 años, los últimos datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones indican que el 24,4% de los estudiantes de 14 a 18 años ha participado en juegos de apuestas con dinero durante el último año. Cerca del 5% presenta indicadores de juego problemático. Los investigadores advierten de que la adolescencia constituye una etapa especialmente sensible a la influencia de los iguales, la búsqueda de emociones y la percepción de que las apuestas constituyen una actividad habitual y carente de riesgos.

Una de las principales aportaciones del estudio es señalar la necesidad de ampliar los programas de prevención del juego problemático más allá de los centros educativos e incorporar a clubes deportivos, federaciones y escuelas de fútbol. Los autores proponen desarrollar intervenciones dirigidas a adolescentes, entrenadores y familias que permitan identificar los riesgos asociados a las apuestas, cuestionar la creencia de que los conocimientos futbolísticos garantizan ganancias y prevenir la presión del grupo. “Los clubes deportivos tienen una oportunidad extraordinaria para convertirse en agentes de prevención. Del mismo modo que se trabaja la educación en valores, el respeto o la prevención del consumo de sustancias, debemos incorporar la prevención de las apuestas”, destaca Isorna.

Los investigadores subrayan que el estudio identifica asociaciones, pero no permite establecer que practicar fútbol provoque directamente conductas de apuestas. No obstante, sus resultados contribuyen a identificar entornos prioritarios para desarrollar estrategias preventivas. “El objetivo no es desincentivar la práctica del fútbol, que aporta numerosos beneficios físicos, psicológicos y sociales, sino evitar que la pasión por este deporte se convierta en una puerta de entrada a las apuestas”, concluye el investigador.

El trabajo ha sido realizado por los investigadores de la UMH Daniel Lloret Irles y Víctor Cabrera Perona, así como el investigador de la Universidad de Vigo Manuel Isorna Folgar y el investigador de la Universidad Internacional de Valencia Víctor José Villanueva Blasco.

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