100.8

FM

La Tarde Pilar García Muñiz

Publicidad

16-03-26-rrss depresion CORREO 2

Publicidad

Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) concluye que el uso intensivo de las redes sociales en adolescentes menores de 16 años se asocia con un aumento de los síntomas depresivos. El trabajo, publicado en Scientific Reports, muestra que, sin embargo, la relación entre el uso de estas plataformas y el aumento de los síntomas cambia con la edad: la capacidad para navegar de forma menos vulnerable en redes sociales se consolida progresivamente con el desarrollo. A los 16 años, el uso de las redes sociales deja de asociarse con el aumento de los síntomas depresivos que sí se observa en etapas más tempranas.

Los resultados del estudio, realizado por los investigadores de la UMH María Blanquer, Estefanía Estévez, J. Francisco Estévez García y Daniel Lloret, indican que el verdadero riesgo no radica en el tiempo que los adolescentes pasan en las redes sociales, sino en el denominado “uso problemático”, caracterizado por la pérdida de control y los sentimientos de necesidad por conectarse. Según los autores, este uso problemático impacta más en la salud mental de los menores que la cantidad de horas frente a la pantalla. El riesgo aumenta cuando la falta de autorregulación en las redes impide que los adolescentes cumplan sus objetivos cotidianos, lo que provoca consecuencias negativas en su vida diaria, como explica Lloret, responsable del estudio: “No poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina es la clave”.

Los investigadores, que también analizan el efecto del número de seguidores en redes sociales y su relación con los síntomas depresivos, identifican diferencias según el género. En las chicas, un mayor número de seguidores se asocia con un aumento de los síntomas depresivos, mientras que en los chicos, en cambio, el efecto aparece como neutro o ligeramente protector. Los resultados revelan que, además, esta relación interactúa con la frecuencia de uso de las redes sociales: en chicas que usan estas plataformas con poca frecuencia, un alto número de seguidores se relaciona con mayores niveles de síntomas depresivos.

“En el caso de las chicas, el tener una mayor exposición debido a un mayor número de seguidores podría estar relacionado con la validación social y la presión estética”, reflexiona Blanquer, primera autora del estudio, aunque se trata de una hipótesis que, explica, requiere más investigación. Los hallazgos muestran que la percepción de la audiencia y la exposición digital no afectan a todos los adolescentes de igual manera: la edad, el género y los patrones de uso son determinantes. “El efecto de los seguidores es muy curioso; debemos investigar un poco más cómo influyen”, apunta la investigadora de la UMH.

Además de estas variables, señalan a un fenómeno determinante: los adolescentes con vulnerabilidad emocional son los más susceptibles a que el uso problemático de las plataformas intensifique su malestar. Los síntomas depresivos previos de los jóvenes influyen decisivamente en la evolución de la depresión. Como explica la experta, “el uso problemático de las redes sociales del año anterior, así como el promedio de los dos años siguientes, predice muy bien la sintomatología depresiva; es la variable más fuerte para anticipar la evolución de la depresión”.

Por ello, advierten que entregar un smartphone sin educación previa es arriesgado: “Enseñamos a conducir a nuestros hijos antes de comprarles un coche o una moto. Si primero les regalas el coche y después les enseñas, ocurren accidentes”, ejemplifica Blanquer. La evidencia científica señala los 16 años como un punto de inflexión en el desarrollo, un momento en el que el impacto emocional de las redes se estabiliza.

Formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes sociales y en la gestión de la exposición digital es central. “A nivel relacional o emocional hay mucho que aprender: privacidad, huella digital, ética, respeto…es lo mínimo que hay que enseñar”, reflexiona Lloret, que advierte que, sin embargo, la responsabilidad no recae solo en los usuarios: “Prohibir no resuelve el problema. Es un gesto importante, pero no se puede cargar las tintas sobre los propios usuarios, los adolescentes o sus padres y madres. Estamos hablando de empresas hipermillonarias, las más ricas del mundo, con una capacidad bestial para modificar la percepción social y la autopercepción. El algoritmo es su producto y debería ser transparente”. Más allá de la edad, los expertos recuerdan que la protección de los jóvenes no depende solo de prohibiciones, sino también de la combinación de madurez, detección de vulnerabilidades, supervisión, educación y una transparencia real por parte de las plataformas tecnológicas.

Publicidad

Publicidad

Otras noticias de COPE Elche: